¿Tan humillante es el trabajo?
Si bien todos los comentarios son bien recibidos, me gustaría que re-leyeses este artículo antes de comentarlo, para evitar caer en confusiones.
Seguramente, ya empezaréis a tomarme por tonto,
gilipollas o vago, con ese título tan llamativo. Pero no es mi intención empeorar mi ya (bien destrozada) reputación, sino dar a conocer al mundo mi opinión. Hablo
del trabajo, pero no de cualquier trabajo, sino del trabajo físico, el trabajo odiado y querido, del trabajo que todos sus trabajadores odian y, a la vez, aclaman como único.
Se engloba, mayormente, dentro de este tipo de trabajo los relacionados con el campo, la hosteleria, la minería, la agricultura y la industria que son los que menos se aprecian y, en efecto, son los peores. Aunque, por suerte o por desgracia, sus trabajadores también son los peores, desde cierto punto de vista, para el resto de la sociedad. ¿Por qué? Bueno, primero explico lo primero (valga la redundancia):
Esos trabajos, nombrados anteriormente de forma muy general, exigen un esfuerzo (obviamente me refiero a los trabajadores de menor rango, no los gerentes) físico superior y su recompensa a niveles económicos no siempre está equilibrada. Y, ¿por qué son sus trabajadores peores que los demás? Realmente, peores no son, de hecho, son hasta mejores, pero son sus propios puntos de vista y sus propias conciencias las que les lleva a tal situación de tan bajo nivel.
¿El proletariado nace o se hace? Es buena pregunta, muy buena pregunta, que tiene no tan buena respuesta. Viendo las circunstancias, viendo a esos seres haciendo trabajos excesivos por un sueldo no tan excesivo, queda claro que no se han hecho así. Pero es más obvio aún que no han nacido para serlo. Tal vez no hayan querido, o podido, cursar unos estudios para ser algo más, o tal vez estuviesen predestinados a ser lo que son:
meros esclavos de la sociedad. Intentan, subconscientemente, convencerse a sí mismos de que su futuro no va a cambiar, y en efecto no lo hace, pero a la vez mantienen una firme ilusión de que las cosas mejoren... aunque no hacen absolutamente nada por remediarlo.
El proletario no tiene la necesidad de ser listo, le sobra completamente. Tampoco necesita pensar en cosas que no le sean imprescindibles. A fin de cuentas,
el proletario es aquella persona que "vende" su fuerza física a cambio de dinero (R.A.E.), no le hace falta nada más que eso. Apoyados por gentes de su misma calaña en los sindicatos (que a su vez son manejados por otros no tan trabajadores), creen estar defendidos (y lo están, aunque no siempre). La necesidad inmediata del sindicato consigue directamente un rechazo frontal a la política, prejuzgándolos a todos en el mismo saco. Se podía decir que la mitad apoya al PSOE sin saber el porqué y la otra mitad no apoya a nadie.
Por otra parte, la completa incapacidad (psicológica) del proletario por ascender, sobre todo en trabajos totalmente físicos (como los del campo). El proletariado no es capaz de ver más allá de sí mismo. Piensa que lo que él hace es más duro que lo que haga los demás, que está menos recompensado que lo de los demás y que jamás va a conseguir superarse. Este pensamiento consigue que, efectivamente, nunca mejore su situación de proletario y siga estando a los pies de los demás. Además, tiene una (aún desconocida para mí) necesidad por
ensanchecer engrandecer a esa persona que le da el trabajo y a la vez de criticarla y acusarla de explotador. Está bastante claro que el mundo se divide el dos: el proletariado y el no-proletariado.
El proletariado tiene unas características especiales, provocadas por su propia situación:
- No tiene capacidad de liderazgo más allá de la que haya aprendido. Hasta me atrevería a decir que no tiene esa capacidad más allá de la que haya visto a los demás.
- No sabe tomar sus propias decisiones, aunque crea que sí. ¿Acaso ha tomado la decisión de estar en su situación?
- Tiene una empatía más reducida de lo común, provocado por su bajo estatus social.
- Antepone a todo el dinero. A todo, todo, todo, ya que si futuro es trabajar para ganarlo, y perderlo significa perder todo el trabajo realizado. Muchas veces ni disfrutan el dinero que tienen.
- Creen ser felices. Y lo creen, y hasta lo sean, a pesar de su desgracia situación. Esto se debe a que saben de antemano que no van a progresar y no se esfuerzan por disfrutar el presente (mirando hacia el futuro). Su felicidad consiste en una firme rutina sin alteraciones.
- Tienen unas firmes formas de pensar, aunque no sean las correctas. ¿Acaso ser racista es algo bueno? Para nada, pero aún así, conseguir hacer de un proletario racista a uno no racista es prácticamente imposible. Digamos que su falta de empatía y su falta de fe en el futuro provocan esta situación de Más vale malo conocido que bueno por conocer, manteniendo así toda su forma de pensar intacta desde que la aprenden.
Aunque, ¿quién coño soy yo para criticar, o tan solo comentar, la actitud del proletariado? Estos no son más que la escoria de la sociedad, están a un nivel cultural mucho más bajo de la media y no están por la labor de aprender a mejorar. ¿Y qué soy yo? Yo soy aún peor que éstos. Mantenido por proletarios con una forma de vida proletaria, pero que ni trabaja ni genera dinero. Sin lugar a dudas,
yo soy peor aún que éstos.
En conclusión, espero no acabar como estos, ya que para mí sería humillante acabar así, y empezar a trabajar será el inicio del fin. Por esta razón me resisto y me resisto a trabajar (y ganar preciado dinero), y sigo manteniendo mi postura de
no intervención conmigo mismo: ni estudiar ni trabajar. Habrá un momento en que mi propia voluntad me obligará a tomar una decisión (o mis padres), o que decida de una vez por todas que quiero ser en esta mísera vida. Pero sólo espero no acabar como han acabado tantas personas, tantas descritas aquí,
vendedoras de esfuerzo, voluntad y dignidad a cambio del dinero que le mantiene... que le mantiene para poder seguir vendiéndose.
Postdata: Aquí se ha descrito al proletariado que es tal y como se ha descrito, no a otro. O sea, si alguien es un trabajador que tiene empatía (por decir algo), pues significa que todo este artículo no tiene absolutamente nada que ver con él. Así que sólo se pueden dar por aludidos los que se identifiquen con lo que aquí pone, no todo el proletariado en general, o todos los trabajadores del campo (por ejemplo).