
Cada vez que leo
TIC y
educación en una misma oración me entra un
That's suspicius por el cuerpo y me pongo a pensar: ¿para qué desperdiciar dinero en cacharros eléctricos si los profesores siguen siendo igual de ineptos? Y es que puedo contar con los dedos de las manos los
profesores buenos que he tenido a lo largo de toda la frustrada educación obligatoria.
¿Acaso un mal profesor, sin motivación (que son la inmensa mayoría) va a ser mejor por tener ordenadores? Pues NO. Y entonces recuerdo los dos extremos opuestos...:
El primero, un grandísimo profesor, el mejor que he conocido, don Antonio Quintana, profesor de matemáticas. Consiguió hacer que los alumnos aprendiesen matemáticas de nivel de 2º de la ESO, a golpe de bolígrafo y papel. Ni tan siquiera un libro. Y cuando digo alumnos, me refiero a todos los alumnos, incluidos aquellos que les importaba todo una mierda que no prestaban atención. ¿Cómo? Pues con motivación y con ganas, como deberían ser todos. Recuerdo que algunos no hacían las tareas, los sacaba a la pizarra, y se lo explicaba detenidamente de todas las maneras posibles (aún recuerdo explicaciones de ecuaciones con motos en vez de con equis).
El segundo, (a los dos años) un montón de alumnos con disposición de ordenadores instalados y un montón de profesores que no los usa, o que lo usa para aburridas actividades concretas. Un arsenal de libros y alumnos que los leen en alto en las clases, y un profesor que hace ridículas explicaciones (a veces innecesarias) sobre lo leído, que a los dos días, literalmente, están olvidadas. Malos estudiantes que ejercen malas influencias sobre los demás y cuyo único recurso del profesorado es la expulsión y la represión...
Así que o los profesores actuales empiezan a motivarse con su trabajo, o (y sintiéndolo mucho) seré de los que se pongan al frente para frenar el gasto en las TIC.
Aclaro que todo esto se refiere para la enseñanza obligatoria, cuando los alumnos tienen que ir obligatoriamente.